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Feliz Navidad!

Hola Chicas! ya está publicado el especial de Navidad, esta hecho con muchísimo amor y Buenos Deseos para el año 2010. Esperamos que la felicidad encuentre un lugar muy grande en sus vidas y que el próximo año este lleno de cosas Buenas.

Con Cariño.

Annie & Cit! <3

Prólogo

¿Cómo podía ser? ¿Acaso mi entera existencia sería así? ¿Acaso estaba condenado a causar dolor y sufrimiento a toda persona que amase? Sabía que algo pasaría, mi intuición siempre me lo indicó; pero ahora que ella no está ya no vale nada, no había razonamiento ni advertencia que funcionase para retroceder el tiempo y evitar que todo esto sucediera y si aun pudiese, si fuese posible volver el tiempo atrás mis manos estaban atadas, inmovilizadas por mi corazón que, aun muerto me gritaba que la amaba irremediablemente; pero eso no hubiese sido problema porque, por ella haría el sacrificio de alejarme, por ella suprimiría la voz que me decía que permaneciese allí. Pero aún así fui tan egoísta como para ponerla en peligro; no había escusas para aminorar mi culpa; hubiese podido irme y entregarme, dejarla creer que seguía siendo el maldito monstruo que ella creía que era. Me odiaría, lo sé, pero por lo menos estaría segura, junto a su familia, lejos de mí.

Millones de pensamientos en imágenes pasaban por mi mente, sus risas llenaban cada rincón de esta oscura habitación, al fin despegue mi rostro de mis manos, ¿cuánto tiempo estuve así? No lo sé. Observé mi reflejo en el enorme espejo que fue testigo de tantas cosas, toda su habitación estaba cómo ella la había dejado aquella mañana; la oscuridad la bañaba y yo estaba allí postrado; observando aquellos ojos que eran parte de mi condena, y la de ella.

Su vida entera dependía de mi y de lo que tanto quería, ¿Sería capaz de sacrificar mi sangre y a mi familia por ella? o ¿sería tan cobarde, de darle la espalda, pese que gracias a ella mi hermana se encontraba a salvo.

martes, 27 de octubre de 2009

5.- ¡Te Encontré!






Mientras estaba entre sus brazos, me recorría una extraña sensación, aquel sentimiento que me había acompañado durante los últimos meses, había desaparecido tan pronto la vi; mis ojos estaban empañados, y mi visión era borrosa; realmente no había puesto mucha atención a las cosas que eran realmente importantes, comencé a aclarar mis pensamientos, esa voz, ese rostro, yo los conocía, ese aroma en particular, me era muy grato y familiar. respire cuidadosamente, permitiendo que mis pulmones se llenaran de aquella sustancia, un ligero estremecimiento recorrió mi cuerpo al notar la extrema diferencia entre su temperatura corporal y la mía, tenía los ojos cerrados, no estaba dispuesto a abrirlos hasta no estar seguro de quien era realmente ella, aunque sé que lo supe durante todo este tiempo, ella era la única persona que había compartido su vida desde en el momento en que nací, por la que estuve dispuesto a morir en aquella frenética búsqueda que me llevo a conocer a Ashley.


En cuanto pude poner en orden todos mis pensamientos, pude estar seguro de a quien tenía entre mis brazos, sentí como me embargaba una inmensa paz, y al mismo tiempo, una parte de mi, me gritaba que corriera, que estábamos en peligro, pero el simple hecho de poder estrecharla entre mis brazos de nuevo, y saber que ella estaba segura en ellos, era sumamente fácil dejar el resto para luego. Poco a poco mi mente fue registrando cada recuerdo, y colocándolo en el lugar donde correspondía, donde yo pudiera acceder a ellos fácilmente y sin que eso representase algo doloroso para mí. Mi niña había regresado a casa, ignore el frío contacto de su piel, deseaba verla de nuevo, asegurarme que era realmente ella, aunque cada célula de mi cuerpo, me gritaba que si lo era. Abrí poco a poco los ojos, tratando de contener los temblores de mi cuerpo ante su frío contacto, me separe de ella, estaba congelándose, y yo como un idiota sumido en mis pensamientos, me quite rápidamente el saco, en cuanto ella me soltó, rápidamente, yo no me atrevía a verla a la cara, que clase de hermano había sido, que en lugar de encontrarla a ella; había pasado todo lo contrario.


mis ojos seguían empapados en lágrimas, que no dejaban de correrme por todo el rostro, ella me veía fijamente, podía sentir su mirada penetrante, permanecía completamente inmóvil, más de lo que considere natural en ella, me limpie las gotas saladas que empañaban mi visión, y tan firmemente como me fue posible, me atreví a pronunciar su nombre mientras levanta el rostro para verla-


-         Sara mi querida Sara, no sabes el alivio que siente mi alma de volverte a ver...- No pude continuar, las cosas que tenía pensado decirle en ese momento desaparecieron de mi mente en cuanto la vi realmente, era ella, pero estaba demasiado cambiada, el dulce rubor que caracterizaba a sus mejillas, había sido remplazado por una piel pálida y nívea, que incluso de noche, era fácil de percibir, sus facciones se habían acentuado incrementando sobre manera su belleza, entonces lo vi, sus ojos eran algo realmente escalofriantes, sus hermosos ojos verdes, habían sido reemplazados por unos color escarlata, el color era tan intenso que podía compararse con el color de la sangre; Me quede helado, realmente era un espectáculo ver la finura que había adoptado su cuerpo, pero no dejaba de perturbarme esa mirada fría y sangrienta, ella me sonrío, y por alguna extraña razón su sonrisa me perturbo por completo, no estaba sola, habían otras dos personas detrás de ella, que vestían capas tan negras como la noche, parecían ser sus sombras.


Entrecerré ligeramente los ojos intentando detallar mejor a aquellas criaturas mientras sentía a Sara clavando su mirada en mi rostro, doblegaban el tamaño de mi pequeña hermana, a pesar de traer aquellas capas su complexión alta y fornida era notable, se trataba de hombres claro era, sus enormes brazos y anchas espaldas lo confirmaban. De pronto escuché una especie de zumbido brotar de los labios de mi hermana, bajé la mirada para observar temeroso aquellos ojos inhumanos en el momento en que un destello de ansias y anhelo los llenaban enteramente.


En ese instante observé que su mirada había abandonado mi rostro para situarse en el hueco bajo mi oreja, un intenso escalofrío me recorrió mientras que ella rozaba suavemente sus labios con la punta de la lengua, mi corazón bombeó más y más rápido debido al miedo que invadía cada fibra de mi cuerpo.


-         ¿Sara, Q-qué pasa?- fue lo único que pude decir antes de que una de aquellas sombras asintiera. Ella me observó con tristeza y dolor, y sin más avisos saltó hacia mí.


Su cuerpo golpeó fuertemente mi pecho haciendo que cayese de espaldas, sonreí y pase mi mano entre sus cabellos, de pronto un dolor punzante hizo que me retorciera, ella se separó de mí de un salto, y en ese momento comprendí. Una gota de sangre, de mí sangre, rodaba desde la comisura de sus labios y caía de su barbilla manchando la capa negra que la cubría también a ella; en ese momento mi mano voló hacia mi cuello, sentí la cálida humedad de la sangre en mi mano y proferí un grito cargado de pánico y dolor ante aquel panorama.


Sara comenzó a sollozar y se dejo caer de rodillas junto a mí, las lágrimas rodaban por mis mejillas mientas ella susurraba algo que no lograba entender. Aquel dolor había abandonada mi cuerpo para transformarse en una insoportable sensación de ardor, apreté su mano entre mis dedos mientras que aquella sensación se expandía arrancándome otro fuerte grito. Sentí mi pulso dentro de mi cabeza, no podía pensar con claridad y mi visión se hizo borrosa.


-          ¿P-por... Q-qué?- fue lo último que alcancé a decir antes de sumirme en el infierno que me esperaba.


Caí de nuevo en una negrura que me envolvía, sin embargo esta era totalmente diferente. Aquel dolor no era comparado con nada en el mundo, sentía un fuerte e inhumano escozor recorrer cada célula de mi cuerpo, mientras que mi cabeza palpitaba, una presión me inundó haciendo que el dolor incrementase haciéndose aún peor. Poco a poco fui perdiendo la conciencia a pesar de que luchaba por no hacerlo; de lo único que era consecuente era del inmenso sufrimiento que escocía mi cuerpo y de los latidos de mi corazón que luchaba por seguir viviendo. En ese momento grité, lloré y sobre todas las cosas pedí perdón, rogué por la redención y recé por el perdón de mis pecados.


El dolor era insoportable, las llamas que me quemaban eran cada vez más voraces, y a pesar de ello, mi corazón se resistía a ceder, mi manera de ver las cosas había cambiado drásticamente, si lograba sobrevivir a esto, reconstruiría mi vida, aunque probablemente, mi aspecto debía ser tan terrible, que probablemente nadie me daría una segunda oportunidad. Mis pensamientos eran vagos, trataba de concentrarme lo menos posible en aquel interminable dolor, esperaba que de un momento a otro, aquello me consumiera pro completo, después de lo que me pareció una eternidad en ese estado, deseaba que así fuera, deseé que mi vida terminara, que el sufrimiento cesara, para volver a ser parte de la nada.


De pronto sentí un cambio en mi corazón, las llamas lo estaban atacando más directamente, y el se resistía con fiereza, podía sentir como la presión de la sangre en mis venas corría fuertemente haciendo que las  llamas fueran más abrazadoras, mis latidos eran cada vez más rápidos, pero sabía que estaba por perder la batalla, estaba preparado para ello, lo deseaba casi desde el momento en que el fuego empezó; los latidos acelerados eran frenéticos, hasta que pararon de golpe, sabía que era el final, y de pronto desee que no lo fuera, otros dos latidos más suaves acompañaron a mi desahuciado corazón, hasta que paro.


Seguía vivo, seguía pensando y sintiendo, tal vez estaba en el paraíso, o en los centros del mismo infierno, lo cual tendría más lógica, por aquel recuerdo de llamas abrazadoras. De pronto escuche unos pasos cercanos a mí, eran suaves y acompasados, seguidos por otro par de pasos, mucho más pesados, algo se acerco a mí, y aquel aroma yo lo conocía de sobra, era Sara. Pero no podía imaginar que pudiera haber hecho Sara para estar en el infierno en el que pensé que me encontraba.
Tome una bocanada de aire, aunque parecía que mis pulmones ya no lo necesitaban, seguía vivo, y eso no tenía ninguna explicación racional, pues no sentía el palpitar de mi corazón, y estaba seguro que alcanzaba escuchar hasta los pasos de las hormigas que se encontraban cientos de metros de distancia de donde me encontraba.


De pronto sentía como me iluminaba una luz, que supuse podrían ser los primeros rayos del sol crepuscular, abrí mis ojos lentamente, tenía miedo del panorama infernal con el que debía encontrarme; pero estaba completamente equivocado, aquel lugar era pacifico en más de una manera, mis ojos habían cambiado drásticamente, era capaz de distinguir las formas de las pequeñas motas de polvo que se encontraban suspendidas en la habitación, de pronto escuche un ruido, y pensé en moverme para protegerme de aquel extraño sonido, era sumamente claro, tanto que no debía encontrarse lejos de mí, cuando me di cuenta, mi cuerpo ya había reaccionado ante la orden que apenas estaba procesando en mi mente, era una  postura realmente incomoda, o debería serlo, estaba muy agachado, aunque la manera correcto de describirlo sería decir que me encontraba agazapado, como tratando de acechar una presa, y a pesar de que debía resultarme incomodo o cansado jamás me sentí así.


Entonces vi la pequeña figura de mi hermana, los rayos del sol, destellaban al pegar contra su piel, jamás había visto una cosa así, en ese momento yo me encontraba oculto en las sombras, ella se acercaba cuidadosamente seguida por sus dos grandes sombras, que parecían estarla resguardando de algo sumamente peligroso, recorrí con los ojos aquella extraña y rustica habitación, pareciera que nos encontrábamos en una cabaña, supongo que a mitad de la nada, en algún bosque, por que el olor a pino era sumamente penetrante. Trate de recuperar mi concentración, mis músculos seguían tensos y yo continuaba en posición de ataque mientras ella se acercaba.


Cuando estuvo a no más de cuatro pasos de distancia de donde me encontraba, una de aquellas sombras se interpuso en su camino, impidiéndole avanzar, eso me molestaba, y de pronto un rugido casi animal broto de mi pecho, aquel ser continuaba sin mostrar el rostro, pero con un gesto me pidió que me calmara, me sacaba de quicio, como podía pensar que me atrevería a hacerle daño a Sara, y tan pronto lo pensé, le embestí, tenía la extraña sensación de que nuestra pequeña trifulca se había dado a una velocidad sobre humana, pero era imposible; todo lo que distinguí era borrones, que a pesar de ello me eran muy sencillo de distinguir. Un segundo después, una  mano me tomo firmemente estrellándome contra una de las paredes de la cabaña, acompañadas de un crujido, esperaba que me atravesara aquel dolor punzante de un segundo a otro, pero nada paso, me sentía bien salvo que aquel sujeto me tenía suspendido en el aire, tomándome en alto del cuello, su mano debería estarme asfixiando, pero no necesitaba el aire de eso estaba seguro, en ningún momento me sentía como se supone debería sentirme. Mi cuerpo continuaba retorciéndose, mientras, Sara clamaba por que aquello parara, su voz era muy diferente pero sabía que era de ella, tenía un tono más musical de lo que recordaba.


Tomé la enorme mano que me aprisionaba y la forcé hacia atrás liberándome. Me moví más ágilmente que cualquier otra vez y le propine un fuerte golpe, su cuerpo voló por los aires varios metros hasta que impactó contra una de las gruesas paredes de piedra, haciendo añicos un trozo de ella, de pronto su capa se deslizó hacia atrás dejando al descubierto su rostro, era muy similar a como lo había imaginado: sus facciones eran fuertes y cuadradas, sus cejas muy pobladas se unían en el entrecejo dándole un aspecto furioso, sin embargo lo que más me asombró fue sus labios rojos marcados por la sangre. Esta se escapaba de sus labios y manchaba torpemente su mentón, en ese momento recordé lo que había pasado antes de que perdiera la conciencia. Di un salto hacia atrás y observé a Sara con los ojos muy abiertos, lacé mi mano hacia el sitio donde ella me había mordido, sin embargo no había nada. Ella extendió sus manos hacia mí y se acercó lentamente.


-         Andrew, puedo explicarte esto...-Dijo ella. Sin embargo aquel salón había sido inundado con un olor que me resultó deliciosamente familiar; millones de imágenes se arrebujaron en mi mente y mi visión se hizo dificultosa.


-          ¡Ashley!-rugí. Los ojos de mi hermana se abrieron de golpe y se dirigieron al hombre que se incorporaba sacudiendo su capa. Me observó con una mirada retadora y con un gruñido llegué hasta él.- ¡¿DÓNDE ESTÁ?!


Aquel monstruo rió socarronamente mientras me miraba; sentí como mi rostro se contrajo de pura ira y un gruñido gutural salto de mi pecho. Tomé su brazo y lo doblé fuertemente hacia atrás causando un fuerte “¡Crak!” ese sonido fue ahogado por un fuerte grito, unas fuertes mano me tomaron y me alejaron de él. Me revolví entre aquellos brazos que rápidamente supe que pertenecían al otro hombre encapuchado.


-         ¡¿dónde ES-TÁ?!- repetí, mi voz temblaba debido a la ira mientras que mi custodio me sujetaba más fuerte aún.- ¡¡SARA!!


Ella dio un respingo y tomó mi rostro entre sus pequeñas manos, me observó piadosa y acarició mis mejillas, su tacto no era gélido como la última vez, al contrario, se sentía suave y cálida. Alcé la vista en el momento en que aquel ser se acercaba a mi hermana, grité y extendí las manos hacia él. Nadie le haría daño a mi pequeña Sara. Sin más ni menos su movimiento se detuvo en seco y se quedó inmóvil.


-         Balthazar.- chilló incrédula mi hermana. Mis ojos no se apartaron de los suyos y una sonrisa de ironía cruzó mi rostro. Tomé su rostro entre mis manos y lo apreté con fuerza; un grito ahogado brotó de su pecho haciendo que diera un respingo.


-         No pienso volverte a preguntar.- dije entre dientes.- ¿dónde la tienes?


Él rió haciendo que la ira contenida explotase, tomé su cabello entre mis dedos y literalmente lo arrastré hacia afuera.


Era obvio que el sabia donde se encontraba Ashley, lo podía ver en sus ojos, mientras mi furia iba en aumento. Ya que estábamos afuera de la cabaña, lo golpee una vez más. A pesar de que era unos centímetros más alto que yo, lo derribe con facilidad, dejándolo tendido en el suelo, de mi pecho broto un rugido furioso, y volví a hacerle la misma pregunta.


-         Dime de una maldita vez, ¿Donde la tienes? No te volveré a preguntar.- Sus risas iban en aumento, y su cinismo me saco de quicio. Lo golpee una vez más en el pecho, impidiéndole ponerse de pie, el suelo cimbro bajo mis pies, levantando una fina capa de polvo, y abriendo algunas grietas bajo el piso. El comenzó a lamerse los labios, y de alguna manera supe que eso era una provocación. Observe las gotas sanguinolentas que paladeaba delante de mí, cerré los ojos, para tratar de contener mi furia; Ashley se había convertido en mi prioridad, y debía saber que había pasado con ella. Al hacerlo descubrí un aroma en el ambiente, era el perfume de ella, combinado con una extraña sustancia que por alguna razón me parecía extremadamente apetitoso.


Aquel olor, revuelto con el perfume de mi Ashley termino por acabar con el poco autocontrol que tenía; era como si un animal me poseyera, corría tanto como me lo permitían mis piernas, y me agrado ver la velocidad que podía alcanzar, me sentía como un ciego tanteando el camino, aunque no necesitaba pensar mucho en ello, por que el aroma de su rastro era muy fácil de seguir. detrás de mí, escuche los pasos veloces de mis acompañantes a lo que decidí ignorar. De pronto el olor se hizo más intenso abrí los ojos de golpe. comencé a verlo todo rojo, el lugar estaba completamente impregnado por el aroma de ese liquido que me parecía era sangre, pero no entendía por qué ese olor me resultaba tan apetitoso, más como una comida, que como la sustancia repugnante que era, o que por lo menos no la veía de esa manera, nunca lo había hecho.


Esa sustancia estaba por doquier, para donde volteara, llegue rápidamente a un pequeño lago, y sobre el estaba derrumbado el cuerpo de una mujer, a la que no podía verle la cara aun; esperaba que mi corazón saltase de mi pecho de un momento a otro; Me acerqué lentamente hacia aquel cuerpo inerte, me sentía tan vulnerable en ese momento que creí que una simple brisa sería capaz de llevarse consigo lo que fuese que me había convertido.


Mis manos y mis piernas comenzaron a temblar para convertirse en feroces sacudidas con cada paso que daba. Allí estaba, el cuerpo quieto y sin vida de mi única razón de existir, un ángel al que le habían quitado su esplendor, uno al que le habían arrebatado cualquier perspectiva y sueño. Deje que mis rodillas cediesen y caí con un golpe seco junto al cadáver de mí amada Ashley.


Un grito animal afloró desde lo más profundo de mí ser, mis manos temblorosas acariciaban su rostro mientras que la otra aferraba suavemente su pequeño cuerpo. Escuché un fuerte crujido, y en ese instante supe que se trataba de mi corazón destrozado. Sus ojos estaban abiertos y su mirada se perdía en la nada, aquellos hermosos ojos que alguna vez me dieron vida con su brillo se habían opacado.


Era totalmente patético, la había abandonado, le había dejado a la deriva cuando más me necesitaba, era tan estúpido, tan débil, tan patético. Ella me había salado y yo no fui capaz de hacerlo cuando llego el momento, cientos de sollozos brotaban de lo más interno de mi ser, pero no me remilgué a esconderlos, mi dolor trascendía cualquier barrera, ya aquel olor no me llamaba como antes lo hacía, sin embargo una llama se encendía y se agrandaba dentro de mi garganta.


Cerré suavemente sus ojos y deje su cuerpo reposar sobre el pasto, a pesar de estar muerta seguía tan hermosa y angelical como siempre. Mi dolor se transformó en una ira asesina, sentí como mi visión se oscurecían y todo de pronto se volvió de un intenso color carmesí.


Pensé que mi corazón ya había muerto, pero estaba muy equivocado; cualquier sentimiento humano había muerto en el preciso instante en que la vi tendida sin vida en el pasto, cubierta por sangre y lodo, su rostro estaba ausente de cualquier expresión, me daba un miedo inmenso, recobrar la razón entender que ella jamás volvería a sonreírme, que se había ido definitivamente de mi vida. Entonces la mire fijamente, tenía el cuerpo cubierto de marcas violáceas de unas manos que la habían estrujado con muy poca delicadeza, y en su cuello, estaba la marca de una mordida, en la cual, estaban unas marcas de sangre seca.


Después de eso, mi mente se desconecto de mi cuerpo, una parte de mí lo veía todo rojo, de un intenso color sangre, y la otra parte, estaba sumiéndose en un profundo dolor, que me partía el alma en mil pedazos, aquella sensación era mucho más fuerte que las llamas que habían quemado horas antes de mi último encuentro con Ashley. De pronto una risa burlesca llamo mi atención, y pude darme cuenta que yo me encontraba destrozando todo a mi paso, tirando árboles, golpeando enormes rocas… ni siquiera sabía que era capaz de hacer algo así, estaba tratando de repasar en mi mente los momentos en que me había dedicado a originar todos esos destrozos, cuando lo vi, era ese sujeto al que Sara había llamado Balthazar, de su pecho se escapaban risas burlonas, una actitud que me provocaba un dolor  y un enojo aun más grande. Cuando se percato de mi molestia ceso.


-         No me digas, no puedo creerlo, y yo que pensaba que las historias de Amor eran un mito, creo que los cuentos de terror son más reales- Ladeo su rostro sopesando mi reacción, de mi pecho escapo un rugido animal, que no me molesto liberar-¿Llegaste tarde Romeo?


Después de ese comentario su risas se volvieron como miles de dagas que me atravesaban simultáneamente, y entonces quiso dar un paso en falso en dirección a Ashley, pero no se lo permití, él brinco el dirección a ella, y yo lo ataje en el aire, el choque de nuestros cuerpo hizo un ruido muy fuerte similar al de un trueno, nuestros cuerpos cayeron al suelo, y él se agazapo, y o estaba tan fuera de mi mismo, que lo ataque sin pensar mucho en ello, deje que me guiaran mis nuevos instintos; disfrutaba con cada estocada que impactaba contra el cuerpo de ese sujeto infernal, entonces decidí tirar fuertemente de su brazo, estaba seguro de que sería capaz, de desconectarlo de su cuerpo, y con un ruido chirriante, y un alarido de mi enemigo, logre desprenderlo, el interpelado, me mostro sus colmillos, mientras yo reía al ver que le había causado un dolor inmenso que no se asemejaba al que yo sentía en medio de mi alma.


Yo no era capaz de hablar, no sentía necesidad de hacerlo, mientras lo veía retorcerse; ver que el sufriera me causaba una satisfacción indescriptible, entonces abrió la boca, y comenzó a reírse, parecía un desquiciado; comenzó a señalarme con su otro brazo, y en medio de su histeria me decía


-         ¿Te duele Romeo?, Esto no es nada comparado con lo que te espera.-  Quiso embestirme, pero logre derribarlo nuevamente, lo tenía tendido en el suelo, cuando comenzó a vomitar sangre. Eso le causo mucha gracia pues no paraba de reír, s risa, me ponía de un humor terrible, por lo que desprendí fácilmente su otro brazo, acompañado de otro desgarrador alarido, pude escuchar como Sara me gritaba que parara, pero no deseaba hacerlo, levante la vista en su dirección, y pude ver a la otra sombra deteniéndola, y de alguna manera se lo agradecía, no quería que ella también resultada lastimada. Regrese la mirada a mi oponente- ¿No te gusta ese aroma? Es la sangre de tu Julieta.


Abrí los ojos como plato, eso solo confirmaba mis sospechas de que tenía realmente a su atacante entre mis manos, y deje que mi fuerza fluyera libremente, y en menos de diez segundos lo desmembré, su carne al desprenderse crujía demasiado fuerte, y ese sonido era música para mis oídos, el debía sufrir tanto como ella había sufrido. Cuando estaba partido en mil pedazos literalmente, la voz del hombre que sujetaba a mi hermana me sorprendió, Sara sollozaba y se escondía en los brazos de aquel sujeto.


-         Quémalo, debes prenderle fuego, hasta la más pequeña partícula debe ser incinerada- No lo pensé mucho, y decidí obedecerlo. Pronto una humareda violácea se esparcía por el bosque.


-         Llévatela de aquí.- le indiqué a la sombra, mi voz era pastosa, ruda y quebrada. Él asintió y la levantó en brazos como si se tratara de una pluma; en cuestión de segundos habían desaparecidos, dejándome allí, de pie ahogándome en mi dolor.


Mi sed de venganza estaba saciada, pero eso no disminuía el ardor de mi alma. No podía llorar, mis ojos estaban secos y ardían con el simple hecho de intentar generar una lágrima. El ambiente se cargó con el olor dulzón de aquel humo, haciendo que todo a mí alrededor diese vueltas. Me tambaleé hacia el pequeño ovillo en el que se había convertido Ashley y me arrodillé a su lado. Mi veces pedí perdón, otras mil veces susurré un te amo a su oído, sabía que en algún lado ella debía escucharme, su cuerpo estaba entre mis brazos mientras que escuchaba a lo lejos el sonido de mis lamentos y gritos de desesperación.


Besé cada uno de sus horribles moretones sobre su fría piel pálida, y finalmente posé mis labios sobre los suyos, acaricié su cabello suavemente y limpié la sangre seca y los restos de lodo de su rostro. De pronto se me ocurrió el único modo de tributarla, su muerte no pasaría como si nada, por lo menos no para mí. Decidido me levanté dejándola sobre el suelo cuidadosamente y caminé un par de pasos. Me detuve sobre una pequeña colina que se alzaba junto a un enorme roble y en ese lugar hinqué mis dedos en la cálida tierra.


Hice uso de mis nuevas facultades y en un par de minutos había cavado un hoyo de media decena de metros de profundidad. Caminé de nuevo hacia ella y levanté su frágil cuerpo en mis brazos con mucho cuidado; la observé por última vez y la deposité dentro de aquel agujero, crucé sus delgados brazos sobre el pecho y acomodé su cabello sobre sus hombros; a pesar de que apenas quedaban vestigios de su esplendoroso vestido se veía justo como una princesa. Acaricié su mejilla con el dorso de mi mano y salí de un salto. Rellené el agujero sin mirar atrás, al finalizar me dejé caer sobre su lecho; nunca quise poder drenar mi dolor como ahora, sentí como me destruía por dentro a pesar de que me daba cuenta de que mi cuerpo era una especie de coraza. Quise llorar, quise ahogarme en un mar de lágrimas.


Mi vida ya no tenía ningún sentido, la única razón de ser era ella, y ahora se había ido, ya no estaba conmigo; Ashley se marchó por siempre, sus sonrisas, su mirada, su calor, su alegría… todo había desaparecido sin yo poder hacer nada para evitarlo. Abrí mis ojos, había caído en una especie de sopor sin darme cuenta; las primeras luces del alba se asomaban entre las montañas y sacaban brillantes destellos de mi piel; me observé horrorizado por un segundo, sin embargo ya nada importaba. Caminé hacia un árbol sentado y con la simple fuerza de mis manos arranqué un enorme trozo de corteza. Me dediqué horas y horas para hacer una pequeña cruz y colocarla sobre el montón de tierra donde ahora descansaba el amor de mi vida.


La risa escandalosa de Félix me saco del estado de sopor en el que me mantenía, abrí los ojos para encontrarme de nuevo en las sucias mazmorras donde nos mantenían a mi hermana y a mí desde hacían tantos años; decidí, por mi propio bien dejar aquellos recuerdos atrás, había dejado de ser un neófito hace más de ochenta años y aun aquellos recuerdos me acompañaban día y noche.


Respire profundamente, tratando de sacudir aquellos dolorosos recuerdos. Estaba tan vació como él día en que ella había dejado de existir, pero era hora de que comenzara con la tarea que me habían encomendado.

sábado, 24 de octubre de 2009

4.- Miedo




Los ojos de Ashley se abrieron desmesuradamente, mi corazón comenzó a bombear más fuerte mientras esperaba su respuesta. Tenía todas mis esperanzas en un sí, la amaba y ella lo sabía de sobra, ahora sus padres se habían enterado y con una simple respuesta afirmativa yo sería el hombre más feliz del mundo. Su labio inferior comenzó a temblar y su cuerpo se sacudía mientras que lágrimas llenaban sus ojos, de pronto se levantó de un salto y gritó un SÍ tan fuerte que todos nosotros dimos un respingo. Reí de felicidad pura, sentí como las lágrimas llegaban a mis ojos y rápidamente abrí mis brazos para que ella hallase su lugar entre ellos, aquel lugar que sería suyo por siempre. El señor Livington rió mientras que su esposa nos observaba boquiabierta, sus ojos estaban húmedos y una sonrisa se asomaba por las comisuras de sus labios; si más aviso, él tomó a su esposa suavemente y la besó, ella correspondió a ese beso pasando sus manos por sobre sus hombros.

Como por reflejo, levanté el rostro de Ashley con mi dedo índice, lágrimas surcaban sus mejillas y una gran sonrisa se dibujaba en sus labios, la atraje hacia mí, ciñendo su cintura y sin más preámbulos acerqué mis labios a los suyos, ella abrió los ojos sorprendidas y rió por lo bajo, suavemente recorrió mi rostro con su dedos mientras que yo degustaba el momento que había esperado desde que la vi por primera vez. Aquel beso era mejor que cualquiera de mis ensoñaciones, sus labios suaves y cálidos se movían lenta y dulcemente sobre los míos, en ese instante solo estábamos nosotros dos, todo lo demás había pasado a un plano inexistente; ella colocó sus manos heladas y temblorosas en mis mejillas y yo la rodeé con mis brazos, levantándola ligeramente del suelo. Degusté su dulce sabor que sobrepasaba la perfección de su aroma, aquella sensación no tenía igual.

La baje al suelo, cuando su padre, carraspeo la garganta levemente, era un comportamiento impropio de mi parte, pero la verdad es que después de haberla escuchado pronunciar esa respuesta tan ansiada y verme al fin libre para expresarle mis sentimientos, hacia que lo demás careciera de importancia. No pude evitar sonrojarme, al darme cuenta de mi atrevimiento, y como si fuera posible, el rubor en las mejillas de mi prometida incremento su color. No podía apartarme de ella, mis manos habían encontrado rápidamente su lugar al rededor de su cintura, ella había acomodado su cabeza sobre mi hombro, y sus brazos me abrazaban fuertemente.

Su padre tomo la mano de la mama de Ashley, para ayudarla a ponerse de pie, con una sonrisa, su mamá, tomo gustosa aquel sutil ofrecimiento, parándose junto a su esposo.
-         Así que ya has tomado tu decisión cielo- Ashley y yo nos miramos por unos breves instantes, su padre no había intervenido hasta este momento, ella parecía estar más segura ahora, sus temblores habían cesado casi por completo.

-         Si padre, no necesito seguir buscando lo que ya tengo junto a mí, Ethan es el hombre que necesito tener a mi lado; por favor danos tu bendición, sé que no sabemos mucho de él, pero no necesito saberlo, sé que es un gran hombre, me lo demuestra cada día, además no olvides que ha cuidado de mí, prácticamente desde el día que pudo ponerse de pie nuevamente.

Su padre sopesaba el discurso, miraba de repente a la madre de Ashley, como tratando de buscar la respuesta correcta en los ojos de su esposa, se que solo pasaron un par de minutos, pero para mí fueron eternos, ellos podrían ser el único impedimento real, para separarnos, solo tener ese pensamiento, me hizo estremecerme, Ashley noto mi temor, y me abrazo aún más fuerte, yo por instinto hice lo mismo, acercándola aún más a mi cuerpo. Finalmente su padre, torno su expresión aún más seria casi podría jurar que no estaba de acuerdo con nuestra unión, pues había fruncido su ceño hasta convertirlo en una línea rígida y tensa.

-         Solo tengo una ligera objeción jovencita.- Ashley mordía su labio inferior nerviosamente mientras, yo jugaba con algunos de los mechones de su cabello que caían grácilmente por su espalda, impidiendo de esta manera que sus padres notaran cualquier indicio de mi nervioso jueguito.

-         ¿Y cuál es papá?- el señor espero unos breves instantes y se separo ligeramente de su esposa- Serías tan amable de permitirme felicitar a mi futuro yerno. Su padre hizo leve gesto indicándole que estábamos demasiado juntos como para que pudiera abrazarme, y de manera muy natural continuo- Si estas en medio no puedo abrazarlo  y darle la bienvenida a nuestra familia como es debido.

Ashley se aparto ligeramente de mi, mientras la señora Livington se acercaba a ella, abrazándola por la cintura, ambas lloraban y reían, y se murmuraban algunas cosa que no alcance a entender, mientras el señor Livington me abrazaba fuertemente, dándome la bienvenida, y las gracias, por hacer tan feliz a su hija.

El resto de la velada estuvimos celebrando y riendo, era increíble lo rápido que me había acostumbrado a ellos, eran mi familia y me sentía en mi hogar. Unos minutos luego del postre los señores Livington se levantaron de sus sillas para retirarse a su habitación.
-         Hasta mañana, Ethan.- dijo él apretando fuertemente mi mano.

-         Buenas noches, señor Livington.- dije devolviéndole el apretón.

-         Por favor, no me digas señor… llámame Joseph.- dijo con una amplia sonrisa, me palmeó el hombro y tomó gentilmente la mano de su esposa.

-         Hasta luego querido.- dijo ella gentilmente con un asentimiento.

-         Hasta mañana señora...- respondí a su despedida.

-         Nicole.- dijo ella con una risita; asentí y ellos desaparecieron por la puerta.

A penas ellos salieron Ashley saltó hacia mí y se acobijó entre mis brazos. Yo no podía estar más feliz, con ella conmigo todo era perfecto. De pronto ella se revolvió y me miró con la ansiedad reflejada en su pequeño rostro.

-         Ven conmigo.- dijo ella tirando de mi manga y sacándome a rastras hacia el pasillo principal.- tengo que enseñarte algo.

La miré con extrañeza y la seguí sin rechistar hacia su habitación con la señorita Esther pisándonos los talones y observándonos escéptica. Entramos al enorme cuarto, a la luz de la vela que tenía Ashley entre sus manos se veía más acogedor que antes. Ella soltó mi mano y corrió hacia los enormes ventanales, sin embargo se detuvo frente al caballete que permanecía cubierto.

Me miró ruborizada antes de retirar suavemente la tela color crema, descubriendo lo que hizo que las lágrimas volviesen a acumularse en mis ojos. Era la pintura más suave y delicada que había visto jamás, en ella estábamos Ashley y yo, ella se encontraba envuelta entre mis brazos con una gran sonrisa en su rostro, detrás de nosotros estaba el bosque que circunvalaba la mansión, pero en específico, era aquel riachuelo donde me había encontrado hace varios meses.

Estaba hipnotizado por aquel cuadro, no podía describir la cantidad de emociones que me producía verlo, cada detalle reflejaba fielmente cada rasgo suyo y mío, entonces me detuve a ver fijamente aquel riachuelo, no me atreví a acercarme para observarlo mejor, tenía el temor tonto de que si lo hacía seguramente tocaría el agua; había algo en él que me recordaba un antiguo dolor, me invadía una extraña ansiedad combinada con una especie de urgencia, por algo, volvía a tener aquella sensación de estar dejando pasar algo de suma importancia.

Ver mis ojos, vistos desde el punto de vista de Ashley, me daba otra perspectiva de aquella antigua ansiedad, la cabeza comenzó a dolerme, me lleve las manos a la cabeza por instinto, mis ojos continuaban torturándome, entonces pasaron velozmente una serie de imágenes que comenzaron a perturbarme, en algún momento, aquellos ojos verdes, dejaron de ser los miss, para convertirse en unos femeninos, aquel par de ojos, reflejaban una ternura indescriptible, eran muy diferente de aquellos que de repente me miraban sumamente preocupados. Después recordé aquel vestido ensangrentado y sucio al que me aferraba cuando Ashley me encontró, mis pensamientos pasaban de aquel vestido, a ese par de ojos verdes que continuaban torturándome, iban rápidamente de una imagen a otra, comenzaba a marearme, necesite recargarme en una silla para no caer. Comencé a hiperventilar, estaba por perder la razón, y momentos antes de desfallecer, recordé una imagen que mi mente llevaba mucho tiempo ocultándome; me vi a mi mismo corriendo a través de aquel bosque, llorando desesperado, y llamando a gritos a alguien, cuyo nombre no podía recordar.

Después desfallecí, solo había negrura a mi alrededor, sabía que mi cuerpo estaba en alguna parte dentro de aquel espacio vacío pero no sabía, como encontrar mi camino de regreso, comenzaron a invadirme los últimos sentimientos que había tenido antes de desfallecer. De repente sentía el corazón hecho añicos, una inmensa tristeza se apoderaba de cada célula de mí ser, me hacía falta algo, había una pieza que tenía perdida, y esa era la clave para mi completa felicidad. Aquel inmenso y repentino dolor, me recordó donde estaba mi corazón, y a partir de este hallazgo, me fue más sencillo encontrar mi camino de regreso a mi propio cuerpo, sabía que mi dulce ángel me esperaba, debía haberla hecho pasar un muy mal rato, y me preocupaba hacerla esperar aún más.

Cuando recupere mi cuerpo, podía sentir su mano tomando firmemente la mía, mientras la otra, acariciaba suavemente mi rostro, respire lentamente, para absorber su perfume, y esto fue suficiente para sacudirme gran parte de aquella tristeza y enorme vació que trataba de seguirme succionando.

Abrí mis ojos lentamente para toparme con su rostro helado por la preocupación; coloqué una de mis manos gélidas y temblorosas sobre la suya e intenté incorporarme.

-         No, no, no… cariño.- dijo ella presionando mis hombros para que me quedase quieto.- Esther ya viene con un poco de agua.

Sentía la suave moqueta debajo de mi cuerpo, ya estaba recuperado y mi respiración era acompasada. De pronto se abrió la puerta y entró su nana con un vaso de cristal rebosante en agua, Ashley me liberó y me incorporé apoyándome de su cama para estabilizarme. Tomé el líquido rápidamente mientras que Ashley se acomodaba de nuevo entre mis brazos.

-         Creo que vamos a tener que trabajar en tus reacciones.- dijo ella observándome fijamente.- si no te agrada algo, solo dímelo… no tienes que darme un susto de muerte.

-         ¿Qué?- dije soltando ligeramente el fuerte abrazo con el que rodeaba sus hombros.- no, no Ash… no es eso ¡Me ha encantado! de verdad, solo es que…

-         Ethan, cálmate… solo bromeaba.- dijo ella deteniendo mi incoherente balbuceo.

Sonreí lo más suave posible y atraje su rostro hacia mí con ambas manos, ella sonrió complacida y besó mis labios juguetonamente. Rocé su mejilla con el dorso de mi mano y solté mi abrazo antes de que la señorita Esther nos atravesara con su mirada. Me sonrojé y salí de la habitación rápidamente.

-         TE AMO.- susurré desde la puerta ante la mirada severa de la señora Esther y la risilla de Ashley.

Iba caminando por los pasillos de la enorme casa, mientras me dirigía a mi habitación, definitivamente le había puesto un buen susto a mi pobre ángel, mientras caminaba iba sopesando aún las imágenes que mi mente acaba de revelarme, aquella angustia reflejada en mi rostro en esos pequeños extractos de mi recuerdo, no eran nada comparado con la angustia que de repente me invadía al ignorar lo que realmente la ocasionaba. Tenía esa extraña sensación de cuando llegas tarde a una cita importante, solo esperaba recordarlo a tiempo. Cuando llegue a mi habitación, aun seguía con aquellas imágenes en mi cabeza, era algo que simplemente no podía dejar de lado.

Esa noche, la pase casi toda en vela, repasando uno a uno cada recuerdo, y tratando de atar cabos inútilmente, puesto que mi mente se había negado a cooperar. Casi amanecía cuando al fin pude conciliar un poco de sueño; dormí a lo mucho solo un par de horas. Entonces me puse en pie, y me arregle como todos los días, era inevitable seguirle dando vueltas al mismo tema, era casi una acción refleja.
Cuando baje a desayunar, él señor Livington me esperaba en el comedor. Nuestra conversación estaba dentro de los parámetros de lo cotidiano, nuestros temas iban desde el clima, hasta mi actual trabajo. Ashley y la señora Nicole, cuchicheaban en la cocina, solo alcanzábamos a escuchar los grititos y risas nerviosas que ambas emitían desde allí. Cada tanto ambos mirábamos en dirección al lugar donde ambas se ocultaban, estaba seguro que de haber podido, nos hubiésemos puesto en pie para observar que les emocionaba tanto, pero tanto en él como en mi, pudo más la prudencia, y ambos, guardamos la compostura.

De alguna manera mi cerebro se las arreglo para estar en dos cosas diferentes al mismo tiempo, una parte de mi, estaba en aquel comedor, conversando agradablemente con el señor Livington, mientras la otra parte, seguía sopesando las nuevas imágenes.  El desayuno transcurrió tranquilo, la felicidad de Ashley impregnaba el ambiente, al igual que su perfume; entre ella y su madre abundaban las miradas de complicidad en más de una ocasión, mientras en el señor y yo tratábamos de contener nuestra creciente curiosidad; al terminar, me disponía a despedirme de todos para emprender mi camino al despecho, cuando el señor Livington solicito mi atención.

Ethan, espera un momento por favor, necesito tratar un asunto de suma importancia. Solo serán unos minutos prometo no retrasarte- No sabía que podría ser tan de vital importancia para él, pero tampoco podía negarme, aunque estuviera por retrasarme para ir a mi trabajo; sabía que no tendría problemas con el señor Anderson; pero no me gustaba abusar de su confianza; dadas las circunstancias todo indicaba que hoy tendría que hacerlo.- Por supuesto Sr. Livington- el rodo los ojos y rió levemente- Si no te molesta Ethan, prefiero que me digas Joseph, o papá dadas las circunstancias actuales- Caminamos rumbo a su despacho, un lugar que yo conocía de sobra, cerró las puertas detrás de nosotros y me pidió que tomara asiento mientras él veía por la ventana que tenía frente a mí.

-         Ethan, lo que debo tratar contigo es un asunto de vital importancia, para mí, cualquier tema referente a mi única hija, lo es.

Finalmente decidió ponerse frente a mí, ahora tenía una idea más cercana a que podría ser aquel asunto del que quería hablar conmigo, seguramente le preocupaba mí falta de pasado, y por supuesto el futuro económico de su hija.

-          Sabes, desde que Ashley nació se convirtió prácticamente en el centro del universo, para su madre y para mí, por motivos de salud, mi esposa y yo ya no pudimos tener más hijos, por lo que ella creció sola e independiente; siempre hemos consentido todos y cada uno de sus caprichos, y a pesar de ser hija única y de que las condiciones de la educación consentidora y permisiva que le dábamos su madre y yo, ella creció con un corazón bondadoso y desinteresado; tanto Nicole como yo, siempre hemos tenido miedo, del hombre que quisiere compartir su vida con ella. Nuestra única misión en la vida ha sido hacerla tan feliz como nos sea posible, y nos causa muchísimo temor, que alguien se atreva a lastimarla, sabemos de sobra que es una mujer fuerte y muy bien educada, pero uno nunca sabe- él se encogió tímidamente de hombros, de repente daba la impresión de que hablaba con un niño al que le daba miedo que alguien le robara su más preciado tesoro, sus palabras aunque dulces, me advertían claramente que no debía lastimarla, y por fin conocía la razón por la que no se habían opuesto a nuestro matrimonio.

El señor Livington aguardo unos minutos, para después continuar con su discurso, daba la impresión que estaba escogiendo cuidadosamente sus palabras, y yo no podía evitar sentirme nervioso, sus ojos se paseaban del lugar donde me encontraba a un portarretrato que tenía cerca del él sobre el escritorio, no era difícil imaginarse de quien era la foto que observaba.

-         Bien Ethan, seré más directo. Tus próximas nupcias con mi hija, pera nosotros representa ganar un hijo más, y quiero que así te sientas a partir de ahora, como un miembro más de la familia.- él ensancho una sonrisa, y yo pude sentir como me regresaba la sangre al cuerpo.

-         Muchas gracias señor Livington, es un verdadero honor para mí.

Con un gesto desplaciente al escuchar su nombre me dijo

-         Ethan, no me digas señor, me haces sentir viejo, quedábamos en que me llamarías Joseph o dadas las circunstancias, si me dijeras papá, creo que me sentiría más cómodo que si insistes llamándome de esa manera tan impersonal.- Asentí, dejando escapar una risita ligera acompañada por la de él, Joseph se acomodo en su asiento, y volvió a adquirir una postura seria, aunque no tanto como la anterior, después de aclararse la garganta, continuó.

-         Ethan respecto a ese empleo tuyo en el despacho de abogados.- no lo deje continuar y me tome el atrevimiento de interrumpirlo.

-         Lo sé, sé que no soy capaz de darle a Ashley todavía la vida a la que ella está acostumbrada, pero le aseguro que me hare digno de ella, trabajara arduamente para estudiar, hasta lograr mis propósitos se que ese asunto le preocupa, pero yo me encargaré de...- él también me interrumpió a mitad de la frase.

-         Ethan no dudo de tus capacidades para hacerlo, sin nada que te respalde, has llegado muy lejos, y la verdad me tienes impresionado, se que lo lograrías, pero ningún hijo mío trabajara de manera extenuante, si ya tiene un empleo, aquí conmigo, a menos que lo consideres poca cosa.- Me había tomado por sorpresa, aunque debía imaginarlo de alguna manera-Ethan no me estoy haciendo más joven, y aunque nada me gustaría más en este mundo, Ashley no podrá hacerse cargo de los negocios familiares, y que mejor que mi nuevo hijo, para respaldarme en estos asuntos, siempre y cuando estés dispuesto a hacerlo.-me agradaba sobremanera la manera tan familiar con la que me trataba como si realmente estuviese hablado con alguien de su familia, dejando de lado la mayoría de los protocolos que se acostumbraban en estas situaciones, otro en su lugar me hubiese obligado a hacerlo de esa manera, pero él me daba el poder de elegir, y yo sabía que Ashley no querría irse de su casa, así que decidí lo mejor para ambos, aceptar.

Continuamos con la charla, y llegamos al acuerdo, de que hablaría con mi nuevo jefe, para presentarle mi renuncia, y dejaría el empleo hasta que terminara, los proyectos que tenía empezados. Salimos del despacho luego de un rato, debían ser cerca de las diez de la mañana; era muy tarde y el señor Anderson debía estar esperándome.

Ashley estaba junto a mi caballo, su semblante brillaba como nunca y apenas me vio me dedicó su más hermosa sonrisa. Rodeé su cintura con mis manos y besé el borde de sus labios, ella rió y recorrió los míos, rozándolos suavemente.

-         Es tiempo de irme.- susurré a su oído, ella se quejo pero finalmente deshizo su abrazo.

Subí rápidamente y emprendí el camino al despacho sin mirar atrás, sabía que si lo hacía no me iría nunca. Recorrí el camino y llegué en lo que me pareció un segundo. Bajé del caballo y entré a la pequeña oficina; el señor Anderson estaba allí, me miró sobre el diario que tenía entre manos  y lanzó una mirada rápida al reloj antes de sonreír. Sabía que era lo que había querido decir, pero era demasiado educado y considerado como para reclamar nada.

-         Buenos días, Ethan.- saludó el cortésmente con una inclinación de cabeza.

-         Buen día Señ… William.- corregí, él había insistido en que lo llamase por su nombre de pila. Sonrió y dobló a la mitad el diario.- Señor, debo hablar con usted.

En ese instante el me miró con sus profundos ojos y asintió extendiendo su mano hacia la silla que usualmente ocupaban sus clientes; pasé saliva y me tambaleé hasta allí.

-         Claro Ethan, dime.- dijo él, sonó tan flexible que me pareció que ya imaginaba lo que pretendía comunicarle.

-         Bueno, se-señor.- titubeé. Rápidamente aclaré mi garganta y retomé, ignorando mis nervios aquella conversación.- como le dije, los señores Livington han vuelto de su viaje a París y anoche durante la cena pues, he pedido la mano de Ashley en matrimonio…

-         Pues felicidades por las buenas nuevas.- me interrumpió el dándome una palmada en el hombro, a decir verdad William Anderson, además de mi jefe se había convertido en mi único amigo y confidente.

-         La cuestión es, que el señor Livington me ha pedido hace un par de horas que lo ayude a vigilar y administrar la producción de uvas en un viñedo cercano.- aquellas palabras salieron a borbotones y mi rostro hormigueaba debido a la cantidad de sangre que se acumulaba en él. Por un momento me pareció que William saboreaba sus labios, pasé las manos por mi rostro y respiré fuertemente.

-         ¿Cercano?- se limitó a repetir él. Yo asentí firmemente y tomé mucho aire.

-         Ha comprado un nuevo viñedo en las afueras de Dorking, al parecer perteneció a una familia muy rica que se domiciliaba en Londres, pero el antiguo propietario enviudó y decidió vender aquella propiedad. Joseph era el único de los alrededores con suficiente dinero como para cubrir el precio, así que lo compró.

William permaneció en silencio durante algunos instantes, su mirada estaba perdida y asentía lentamente, de pronto sus ojos se tornaron tristes y suspiró.

-         Yo me quedaré hasta que concluya todo mi trabajo pendiente.- me apresuré a decir, lo menos que quería era que él me malentendiese y pensara que era irresponsable.

El salió de su ensimismamiento y negó rotundamente con la cabeza.

-         No es necesario Ethan, yo puedo concluir con todo.- dicho esto metió su mano en el bolsillo y extrajo un pequeño paquete.- ten, es tu paga del mes y lo que queda, pues puedes considerarlo mi regalo de bodas.

Abrí el paquete para observar aquella exuberante cantidad de billetes, no se cuan exuberante fue el tamaño de mis ojos, pero William rompió a reír ante mi expresión. Negué con la cabeza y extraje la cantidad exacta de mi paga del sobre, lo empujé hacia él suavemente y me levanté de la silla.

-         Ethan, por favor.- dijo él tomando mi brazo y extendiendo el sobre de nuevo hacia mí.- necesito dormir tranquilo hoy.

Su voz se distorsionó un poco en la última frase, rió por lo bajo y negó con la cabeza. Lo observé un poco incauto y tomé el sobre de mala gana; el sonrió triunfal y extendió su mano hacia mí.

-         Nos veremos en un futuro Ethan.- dijo él, apreté su mano y asentí.

Salí un tanto compungido de mi ahora, antigua oficina. Monté de nuevo mi caballo y me dirigí a casa.

Al llegar uno de los criados tomó el caballo mientras que yo entraba a la casa, las ansias de ver a Ashley me carcomían y liberaban algo dentro de mí. Abrí la puerta de la cocina y allí estaba ella; sus ojos y los de su madre estaban vidriosos y en sus mejillas quedaban los finos rastros de las lágrimas al discurrir. Casi corrí hacia ella, que al verme se limitó a sonreír y lanzarse a mi cuello, la rodeé por instinto con mis brazos y acaricié su espalda suavemente, ella temblaba contra mi pecho y sentí la humedad traspasar mi camisa.

-         Ash, ¿Qué pasó?- pregunté mientras que mi corazón latía fuertemente.

Me partía el corazón verla llorar, seque sus tímidas lágrimas con el dorso de mi mano, trate de controlar mis impulsos por saber lo ocurrido por temor a que rompiese a llorar de nuevo, pero no pude controlarlos, mi voz sonó con más urgencia de la que quise imprimirle

-         ¿Qué pasa cielo? ¿Por qué estás tan triste, Te sientes mal?- Ella miró a su madre, mientras ella respondía con un leve asentimiento, a una pregunta no formulada verbalmente, Ashley suspiro y se aferro a mis brazos escondiendo su rostro en ellos, sollozo un poco, intentando controlarse, y con una voz temblorosa me respondió.


-Hay Ethan, es que mi padre me acaba de dar la noticia, compro unos viñedos en Dorking, para que nos mudemos, la propiedad es nuestra, y quiere que celebremos la boda halla, ¿No es increíble? estoy sumamente emocionada, es el regalo de bodas que nos darán.- Sus mejillas se sonrojaron hasta tomar un color escarlata. Aunque la idea me parecía increíble, tenía la extraña sensación de que viviríamos con sus padres, aunque fuese incomodo para mí, estaba dispuesto a aceptarlo por ella, era un alivio, saber que sus padres fueran tan considerados, aunque el regalo me parecía sumamente excesivo; decidí no protestar, ella estaba tan emocionada que no me atreví a opacar su momento con mis quejas insulsas. Asentí, mientras acariciaba su cabeza con mis manos.

Cuando ella estuvo más tranquila, comenzó una conversación con su madre, sobre la boda y los arreglos que necesitarían hacer para la mudanza que se llevaría a cabo la próxima semana, esa conversación encendió el entusiasmo de mi futura esposa, hasta enfrascarse tanto en la conversación que prácticamente me había convertido en un espectador. Yo me había sumido nuevamente en mis pensamientos, que vagaban en aquellos nuevos recuerdos que no dejaban de torturarme, opacando la felicidad que me embargaba en aquellos momentos.

Los días pasaron rápidamente; sus padres nos acompañaron a Dorking, se quedarían con nosotros hasta el día de la boda; al dejar nuestra casa, no pude evitar sentir que estaba dejando a tras algo muy importante, mi mente insistía en recordarme la imagen del vestido ensangrentado con el que me encontraron, no sabía nada en absoluto de la dueña, pero por el aspecto debía haber muerto. Al pasar esa idea, no pude evitar un escalofrío que se apoderaba de mi cuerpo. Cuando me di cuanta estábamos en Dorking

Yo había pasado la mayor parte del tiempo tan ensimismado en mis pocos recuerdos, que el trayecto me fue más corto de lo que realmente era, tenía una extraña sensación de llegar a casa, pero mi casa, o la que consideraba como tal, estaba cientos de kilómetros de donde me encontraba. Al llegar al pueblo, muchas personas me veían con expresiones sumamente curiosas e inquisitivas, murmuraban a nuestro paso, supuse que sería normal que nos viesen así, dado que la propiedad recién adquirida, perteneció a uno de los más grandes terratenientes de la región; después de un rato, y de las miradas poco discretas que se posaban sobre mí, entendí que no veían a la familia, me veían directamente a mí, no pude evitar sentirme intimidado. Nunca me había gustado ser el centro de atención, por lo menos no desde que yo recordaba.

Estábamos por llegar a la propiedad, por lo que decidí mirar hacia al frente y finalmente ignorar a aquellas personas que me veían de esa manera tan poco cortes.

Para mi sorpresa, aquella entrada me parecía extrañamente familiar, me lleve las manos a las sienes, la cabeza comenzó a palpitarme, y entonces llegaron cientos de imágenes que se arremolinaban en mi cabeza, pude verme de niño, jugando a la entrada de aquel lugar, con una niña persiguiéndome, a la que nunca  pude verle la cara, cientos de recuerdos se agolparon en mi mente sobre mi infancia, vi casi todos los recovecos de aquella casa tan familiar, vi los cuerpos de los que debieron ser mi familia, pero jamás logre ver sus rostros, aunque uno en especial me era tortuoso, era la imagen de aquella niña, me despertaba sentimientos que me contrariaban sobre manera. La cabeza me dolía demasiado, y cuando me di cuenta, un fuerte golpe me saco del aturdimiento, estaba tendido en el suelo polvoso a la entrada de aquella casa; estaba bajo la mirada preocupada del Joseph, cuya voz escuchaba muy lejana, pude darme cuenta de que respiraba con demasiada dificultad, trate inútilmente de aferrarme a la realidad, pero no pude soportarlo demasiado, por lo que termine de perder la conciencia.

“¡Ethan! Despierta… ¡Ethan!” una voz que desconocía gritaba en mi cabeza haciendo que me doliera. “Por favor, Ethan… es Ashley, te necesita” Al oír ese nombre toda la realidad cayó aplastante sobre mí. ¡Ashley! ¡¿Dónde está Ashley?! Grité dentro de mí.

Abrí los ojos y me incorporé de un salto, ganándome además un fuerte mareo. Viré y busqué con la vista a Ashley, pero no estaba allí. Solo estaba la señora Nicole con una enorme mujer negra que me miraba espantada.

-         ¡Ashley! ¡¿Dónde está Ashley?!- repetí la pregunta que me había hecho segundos antes en mi cabeza, mi voz sonó llorosa y más fuerte de lo que quisiese. La señora Nicole rompió a llorar, sus ojos estaban rojos e hinchados y temblaba fuertemente.

-         Ethan.- dijo la débil voz de Nicole.- Ashley, ella ha ido al bosque, fue hace muchas horas y…

-         ¿y…?- me obligué a preguntar. Las lágrimas salían raudas y veloces de los enormes ojos de la señora Livington.

-         N-no ha vuelto Ethan…- casi gritó ella en plena desesperación; sentí que mi mundo se venía abajo mientras que el aire amenazaba abandonar mis pulmones nuevamente; respiré profundamente negándome a abandonarla, no me permitiría flaquear en este momento. El amor de mi vida estaba allí afuera, sola; millones de peligros la rodeaban y yo no me podía quedar de brazos cruzados.

En mi desesperación tomé a aquella enorme mucama y le exigí que me dijese por donde se había ido, ella me indicó la dirección y me miró con una especia de compasión y cariño. Salí de la habitación donde había despertado y tomé una de las velas que alumbraban el pasillo y, para mi sorpresa recorrí a la perfección los corredores hasta salir de la enorme mansión. Corrí atravesando el jardín y pasando junto a las enormes filas de siembra de uvas. Tomé un enorme madero y lo encendí, sería ridículo atravesar el bosque con una pequeña vela.

Rápidamente atravesé el portal de entrada y entré en el oscuro bosque, corrí con todas mis fuerzas gritando su nombre, las lágrimas se deslizaban cortantes por mis mejillas mientras que me adentraba más y más en el oscuro paraje.

-         ¡¡¡ASHLEY!!!- grité cayendo de rodillas sobre el duro suelo. Me ovillé sollozando y murmurando su nombre, de pronto escuché algo que irrumpió el silencio y la quietud que me rodeaban.- ¡¡¡¿ASHLEY?!!!

Caminé suavemente intentando encontrar la dirección de donde provenía aquel sonido, di una vuelta sobe mí mismo en el momento en que una fuerte brisa apagó el chispeante madero. Rugí de ira y tomé mi cabello entre las manos. El sonido no cesaba, así que caminé ciegamente unos cuantos metros hacia él. Para mi mala suerte tropecé con una raíz sobresaliente, cayendo de bruces sobre una enorme pila de zarzas; las espinas se enterraron en mi piel sin compasión haciendo que mis manos y rodillas sangraran a borbotones. De pronto una luz se dejo ver entre la maleza, me levanté sintiendo cada uno de los pequeños cortes en mi piel y corrí hacia allí. El aire entraba dificultosamente a mis pulmones mientras que mis piernas hacían un esfuerzo enorme por acercarme a esa luz.

Me detuve en seco al observarla, una sonrisa radiante se posaba en sus labios mientras que una brisa ondeaba su cabello; me miró como lo había hecho la última vez y suspiró.

-         ¿Por qué tardaste tanto?- dijo con curiosidad antes de rodear mi cintura con sus finos brazos.

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