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Feliz Navidad!

Hola Chicas! ya está publicado el especial de Navidad, esta hecho con muchísimo amor y Buenos Deseos para el año 2010. Esperamos que la felicidad encuentre un lugar muy grande en sus vidas y que el próximo año este lleno de cosas Buenas.

Con Cariño.

Annie & Cit! <3

Prólogo

¿Cómo podía ser? ¿Acaso mi entera existencia sería así? ¿Acaso estaba condenado a causar dolor y sufrimiento a toda persona que amase? Sabía que algo pasaría, mi intuición siempre me lo indicó; pero ahora que ella no está ya no vale nada, no había razonamiento ni advertencia que funcionase para retroceder el tiempo y evitar que todo esto sucediera y si aun pudiese, si fuese posible volver el tiempo atrás mis manos estaban atadas, inmovilizadas por mi corazón que, aun muerto me gritaba que la amaba irremediablemente; pero eso no hubiese sido problema porque, por ella haría el sacrificio de alejarme, por ella suprimiría la voz que me decía que permaneciese allí. Pero aún así fui tan egoísta como para ponerla en peligro; no había escusas para aminorar mi culpa; hubiese podido irme y entregarme, dejarla creer que seguía siendo el maldito monstruo que ella creía que era. Me odiaría, lo sé, pero por lo menos estaría segura, junto a su familia, lejos de mí.

Millones de pensamientos en imágenes pasaban por mi mente, sus risas llenaban cada rincón de esta oscura habitación, al fin despegue mi rostro de mis manos, ¿cuánto tiempo estuve así? No lo sé. Observé mi reflejo en el enorme espejo que fue testigo de tantas cosas, toda su habitación estaba cómo ella la había dejado aquella mañana; la oscuridad la bañaba y yo estaba allí postrado; observando aquellos ojos que eran parte de mi condena, y la de ella.

Su vida entera dependía de mi y de lo que tanto quería, ¿Sería capaz de sacrificar mi sangre y a mi familia por ella? o ¿sería tan cobarde, de darle la espalda, pese que gracias a ella mi hermana se encontraba a salvo.

domingo, 27 de diciembre de 2009

7.- Volviendo al Pasado




Cuando estuve seguro de que el licántropo podría cuidarse solo, me despedí tan cortes como me fue posible, me negaba a darle la espalda, aunque sabía de sobra, que en el estado que se encontraba, aunque desease hacerme daño, no podría hacerlo. subí por el camino sinuoso de aquella cueva, necesitaba cambiarme de ropa nuevamente, apestaba tanto como aquella criatura, y eso podría delatarme. Además de que tenía una cita pendiente, y si me quedaba más tiempo llegaría tarde, y a Sara no le gustaba esperar. Me las ingenie para escabullirme en las profundidades de Volterra, sin que nadie de la guardia me descubriese.

Llegue a mi habitación, en donde queme la ropa que me había puesto ese día, sabía que no sospecharían de mi comportamiento, puesto que siempre que salíamos de caza y regresábamos, debíamos hacerlo, para evitar la tentación de asechar a una presa, que ya no estaba, éramos sumamente cuidadosos y delicados en cuanto a rastros de sangre se refiere. Mientras me cambiaba, observaba la fogata que tenía en la chimenea, ver la danza del fuego era algo hipnótico incluso para nosotros, aunque en mi caso, estaba sopesando la información que había obtenido de aquella criatura, en este momento sabía más de ellos, de lo que Aro o cualquiera de nosotros, sabía hasta entonces.

Entre otras cosas, él finalmente me dijo que se llamaba Gabriel, y mientras mantuviera su forma humana, sus ojos eran de un intenso verde esmeralda, y después de la transformación se oscurecían, no era un licántropo normal, perdía la conciencia tan pronto se transformaba, y su manada, había estado conformada, por licántropos que él mismo había hecho, y por esa razón, conservaban un poco de civilización, por lo menos la suficiente para poder mantenerse juntos hasta antes de que acabáramos con ellos. Información que por supuesto no ignoraba hasta ese momento. Sanaban normalmente relativamente rápido, pero si uno de nosotros le mordía, no podía morir a causa de la ponzoña, por la concentración de genes lobunos en su sangre, simplemente retrasaba su tiempo de curación tanto como si fuese humano, eso era una mala noticia, él sería incapaz de irse de ahí por su propio pie, hasta que pudiese recuperarse, y yo no podía darme el lujo de dejarle sin vigilancia, sabrían tan pronto lo tuvieran cerca que recibió mi ayuda. Por lo que esa noche sería doblemente importante.

Sonidos de pasos bajando las escalinatas de piedra me sacaron de mi ensimismamiento, eran ligeros y gráciles, su propietario danzaba en el aire suavemente. Abrí la puerta antes de que los nudillos de Sara alcanzaran a llamar, ella sonrió y se lanzó a mis brazos. La abracé durante unos segundos mientas que ella escondía el rosto entre las solapas de la chaqueta que me había colocado poco tiempo antes, sentí como su rostro rozaba mi pecho. Acaricié el cabello de mi hermana al tiempo que bajaba la mirada para encontrarme con sus ojos muy abiertos y curiosos.

-         Hueles a… Chucho, Andrew.- dijo ella arrugando la nariz. Abrí los ojos de par en par y por instinto di un salto hacia atrás. Ella arqueó una ceja y me miró interrogante.

-         Yo, ehm… bueno.- balbuceé torpemente. Miré hacia afuera y agudicé aún más mis sentidos, nadie se acercaba así que me acerqué a ella y la levanté ligeramente del suelo para acercar mis labios a uno de sus oídos.- debemos hablar, pero no aquí. Veme en un par de minutos sobre el tejado.

Ella asintió rayando en la confusión y salió con la consternación que sentía perfectamente dibujada en su fino rostro. Cerró la puerta tras sí y escuché como el sonido de sus paso se desvanecían en el aire.

Solo me quedaba hablar con ella sobre el asunto, y esperaba con todo mi corazón que lo entendiera. Estaba harto casi asfixiado de tanta brutalidad. Me asegure de que no hubiera nadie en los pasillos, y al percatarme de que tenía el camino libre, me escabullí. Al llegar a los tejados, Sara aún no había llegado.

Me senté cerca de la torre del reloj, en la plaza principal, la luna plateaba las calles  mientras las persona continuaban con su vida normal; sentía envidia, por la simpleza de sus vidas, por la libertad que poseían, algo que nunca volvería a tener, entonces cerca de la fuente algo capto mi atención, una luz azulosa iluminaba el rostro de una bella joven, era muy similar a... me sacudí ese pensamiento en cuanto cruzo mi cabeza, pero no deje de observarla ni un segundo, estaba hablando por teléfono, cuando un tipo con otro celular en la mano, comenzó a acecharla, me quede rígido en mi sitio, y sin pensarlo dos veces me agazape, estaba a punto de atacarlo, cuando ella se giro para colgarse de su cuello y recibirlo con un beso, al ver que ella lo reconocía me relaje de inmediato.

Comencé a sentir una extraña sensación en la boca del estomago, y como un inmenso vacío se abría paso en mi interior, era lo mismo siempre que tenia la mala suerte de presenciar una escena de ese tipo, deje de mirarlos para encontrarme con la mirada divertida de mi hermana.

-          Es divertido observarlos a veces ¿verdad?- Ella se sentó a mi lado, apuntando en dirección a la pareja que yo estaba espiando. suspire, lo que ocasiono que ella soltara una risita burlona. -Lo es, cuando no te aburres de las mismas costumbres y las mismas palabras, es como si vieras una y otra vez la misma película, los humanos son tan predecibles que lo único que cambia realmente en ellos son los tiempos y la ropa que utilizan, todo lo demás es harina del mismo costal.- Sara me observaba de manera desaprobatoria, me encogí de hombros y ella giro los ojos.- Muy bien Andrew ¿por qué tanto misterio?, explícame por favor, y ¿¿por qué aún hueles a chucho??

-         Ash, tengo algo que decirte.- dije en un susurro apenas audible, a pesar de que ninguno de los de la guardia sabía de nuestras conversaciones, ni las locaciones donde estas se daban, yo hablaba entre susurros. Lo menos que quería era meter a mi pequeña hermana en problemas y hacerla pasar un mal… ¿trago?

-         Vamos Andrew.- me apremió.

-         Bueno, bueno… lo que sucede es que.- comencé, solté un bufido y proseguí.- he ido a cazar hoy…

-         ¿Qué? ¡Andrew! Sabes que no podemos salir sin consentimiento.- me interrumpió. La observé con mi mejor mirada de ironía y ella se cubrió los labios con ambas manos.

-         Cuando venía de regreso, escuché algo en el bosque.- comencé, poco a poco le expliqué detalladamente lo que había pasado con aquel hijo de la Luna, ella me observaba con ojos como platos mientras yo relataba lo que había sucedido.

Cuando finalmente terminé ella me observaba fijamente, sus cejas estaban arqueadas y su expresión era indescriptible. Sus manos se aferraban a la tela de su falda, agradecí al cielo que fuese tan resistente aquel material, debido a que sus nudillos estaban aun más blancos debido a la fuerza que calaban.

-         E-entonces, tienes un hijo de la luna escondido en una caverna.- titubeó ella con un hilo de voz, miraba algún punto vacio detrás de mí.

-         ¡Ajá! En la montaña, del lado sureste.- dije más calmado.- y, otra cosa Ash…

Ella me observó atónita y asintió firmemente, sabía que no quería pronunciar palabra y eso me ponía aún más nervioso, ¿qué pasaría si ella se negase? ¿Dejaría morir a aquel chico? ¿volvería yo a ver a Gabriel?

-         él, como te dije, está muy mal. Casi no puede moverse y sus heridas son muy profundas.- comencé.- así que necesitará a alguien que cuide de él, por lo menos hasta que sane por completo…

-         Así que quieres que yo lo haga.- dijo ella secamente. Mi estómago se hizo un nudo y casi pude percibir el movimiento de la sangre que había bebido hace un par de horas dentro de él. Asentí torpemente y ella negó con la cabeza.- ¿acaso te has vuelto loco? ¿crees que no sospecharía?

-         A ti te permiten salir Ashley, ¿qué diferencia habría?

-         ¡UN HORRIBLE Y CASI SABOREABLE OLOR A CHUCHO!- casi gritó. Abrí mis ojos de par en par y detuve mis manos que instintivamente se habían movido para intentar cubrir su boca.

-         Podemos encontrarle solución Ash, pensaré en algo, pero lo más importante. ¿lo dejarías morir?- dije, sabía que había dicho las palabras correctas. Ella me miró con ojos vidriosos y negó con la cabeza.

-         Sabes muy bien que no, nunca permitiría una muerte en vano, sabes que no podría.- dijo ella con una nota histérica en su voz.

La mire fijamente, el pánico comenzaba a apoderarse de ella, sabía muy bien qué clase de imágenes podrían estarla perturbando.

-         Tranquila Sara, todo estará bien, es por esa razón que necesito tu ayuda- ella tomo mis manos y comenzó a temblar, de repente pude percibir como sollozaba tratando no de hacerlo, tan silenciosamente como le era posible. La rodee con mis brazos, ella permaneció sollozante y dubitativa durante mucho rato, y yo continuaba brindándole mi apoyo en silencio.

Finalmente su respiración se volvió un poco más acompasada, apretó aún más sus manos con las mías, y me miraba de frente, tenía una resolución para nuestro pequeño problema, podía leer eso en su semblante, a pesar de que ella intentara que fuera inexpresivo.

-         Muy bien Andrew, te ayudare, hasta donde me sea posible- Ella miró sus pies mientras yo intentaba ocultar mi sonrisa complacida, lentamente levanté su mentón con mi dedo índice y la mire para inspirarle tanta confianza como me fuese posible.

-         Todo saldrá bien Sara, confía en mí.- dije modulando cada palabra más de lo necesario. Ella sonrió con semblante lacónico y me miró. Sus ojos ya no tenían el inhumano tono carmesí, sino que habían pasado a un duro color negro. Recorrí la zona bajo sus ojos con mis dedos y ella entendió mi mensaje.

-         Lo sé, ya debo irme, Heidi y Jane deben estar esperando.- dicho esto se levantó grácilmente y comenzó a caminar lentamente hacia la escotilla que solíamos utilizar para llegar allí.

-         ¡Sara!- exclamé llegando hasta ella y tomando su fino brazo entre mis manos. Ella se limitó a mirarme el rostro con expresión vacilante y los ojos abiertos de par en par.

-         Te amo hermanita.- dije sin dudar, dedicándole una amplia sonrisa. Sus ojos brillaron y correspondió a mi gesto.

-         Y yo a ti Andrew.- dicho esto bajó cuidadosamente la escotilla a velocidad vampírica cerrándola tras sí con un suave golpe.

El sonido que había producido la escotilla al cerrarse retumbaba en mi cabeza, realmente había sido casi silencioso pero no conseguía sacármelo por el simple hecho de que ignoraba cuando vería de nuevo a mi hermana, por alguna razón ella era la única conexión que conservaba con mi lado humano, con el verdadero Andrew, era la única persona en el mundo que me quedaba, y la única que me recordaba que no era un completo monstruo.

Me quede un rato más, mirando hacia la nada, recordando cuando podía gozar de mejor compañía para mi soledad. Con los ojos perdidos en el vacío, recordé mis primeros años como vampiro. Mi memoria retrocedió al momento en que mi Ashley había muerto. Estaba acostado sobre la tumba que había hecho yo mismo para mi ángel; abatido y consumido por el dolor, no sabía cuánto tiempo había permanecido sumido en mi sufrimiento, él vampiro que me había ayudado a mantener a Sara fuera de esto, se encontraba a solo unos pasos de distancia de mi,  salí de mi estupor en el mismo momento que él se acerco para tocarme y tratar de llamar mi atención, mi reacción fue demasiado, pero no estaba muy consciente de lo que hacía, me agazape y me aleje de él tanto como me fue posible, no estaba dispuesto a darle la espalda así que me pegue a un árbol, entonces levante la mirada y pude ver que Sara se encontraba detrás de él, asomando la cara por encima de su hombro. Aquel hombre  tenía una mano empujándola detrás de él, y la otra la estiraba hacia a mí en gesto que buscaba apaciguarme.

En cuanto me di cuenta de ello relaje mi postura, el sujeto suspiro fuertemente de alivio, para presentarse.

-         Tranquilo Andrew, no queremos lastimarte- al notar que me tranquilizaba bajo la mano y también relajo su postura, aunque continuaba manteniendo a Sara detrás de él, trato de ser sutil, pero no pude ignorar la persistencia de mantenerla detrás de él.- Mi nombre es Eleazar.

Extendió una vez más su mano para estrecharla con la mía, a lo cual finalmente accedí, extendiendo la mía. Me despegué del árbol de un salto, sin embargo un dolor parecido a llamas abrasadoras se alojó en garganta, haciendo que mis manos volaran hacia mi cuello y cayese con un fuerte golpe sobre el suelo.

Escuché como Sara soltaba un gritito y corría hasta mí. Sentí sus manos sobre mi frente y quitando el cabello de mis ojos. Ella repetía mi nombre una y otra vez mientras que yo me desesperaba cada vez más debido al terrible dolor.

-         ¡Eleazar!- chilló ella, su voz se quebró en la última silaba haciendo que el nombre de aquel sujeto se deformara. Él se acercó con un paso inadmisiblemente lento y se situó junto a ella.- ¿Qué pasa?

-         Él está bien pequeña, simplemente no se ha alimentado en más de tres semanas.- dijo mientras que entre mis ojos entrecerrados intentaban escrutar su rostro. ¿TRES SEMANAS? Repetí en mi fuero interno, no podía ser, era imposible.

-         ¿Andrew?- dijo su voz gruesa y autoritaria. Abrí los ojos lentamente para encontrarme sus ojos escrutándome lentamente. Intenté gruñir en vano, sin embargo lo único que obtuve fue que el dolor incrementase haciendo que me retorciera.

En cuanto el dolor cedió un poco levante la vista, y me puse pie, Eleazar volteaba a ver a mi hermana, hasta que finalmente regreso la vista hacia a mí, y el mismo tono firme que había utilizado antes dijo

-         Sara, déjanos a solas, debo explicarle a Andrew las reglas- Hizo un hincapié en las últimas dos palabras, ¿Qué clase de reglas tendría que explicarme? sabía que había cambiado que algo era diferente, el simple hecho de mi manera de percibir el tiempo había cambiado significativamente y sabía que si hubiera sido humano, en tres semanas si probar alimento alguno ya estaría muerto y sin embargo aquí estaba. Sara dudo unos segundos, y finalmente desapareció entre los arbustos, Eleazar la seguía con la mirada hasta que perdimos su pista por completo. Él regreso la vista a mí, y avanzo algunos pasos.-Hay muchas cosas que debes entender Andrew pero antes de eso, vamos a cazar.

Ese día Eleazar me explico lo que necesitaba saber sobre como cubrir mis necesidades básicas, me enseño a cazar, a sobrevivir en el mundo al que ahora pertenecía, fue sumamente paciente conmigo, contesto absolutamente todas mis preguntas. Por alguna razón, me inspiraba confianza, por lo menos la suficiente para permitirme desmoronarme nuevamente frente a él, al entender la realidad que ahora me torturaba.

Ese día no solo comprendí mi nueva naturaleza, también pude entablar una verdadera relación amistosa con otro de mi especie, alguien a quien no solo considere mi mentor, también tenía la fortuna de poder llamarle amigo. Uno al que aún extrañaba. Desde que Eleazar se había ido, había dejado un hueco en nosotros, sobre todo en mí y en mi hermana, ya que era la única conexión existente entre ambos. en la actualidad podía verla, pero cada vez debía ser más esporádico, dado que nos mantenían en constante vigilancia.

Mi primera muerte, fue algo simplemente terrorífico, era un alivio saber que no tenía la necesidad de dormir, porque de haber podido hacerlo seguramente mi conciencia no me hubiese dejado llegar muy lejos, y sin embargo extrañaba poder hacerlo. Ese día fue el primero de mi existencia, o así lo considero, dado que durante mi primera semana como inmortal era consciente solo de mi lacerante dolor.

Mi primera clase de caza, fue sumamente espeluznante, fue en ese momento, cuando veía a una hermosa joven dar el último suspiro con el cual su vida se iba al vació, cuando comprendí que esta era real, pude ver la tristeza en los ojos de Eleazar, él también moría cuando su víctima lo hacía. Era algo tan doloroso como repulsivo, y sin embargo escuchar aquel corazón latir había representado la constatación de un hecho, sobre todo cuando fui consciente de lo sorpresivamente apetitoso que resultaba escuchar su flujo sanguíneo.

Espere mi turno en el oscuro callejón, cuando pude escuchar como dos jóvenes amantes se adentraban en el pasillo, con sus respiraciones entrecortadas y sus corazones latiendo de manera desenfrenada. Simplemente no me pude resistir, fue más un impulso que un acto racional. Cuando pude volver en mi, fui consciente de los cuerpos que yacían sin vida a mis pies, sus vidas habían sido suficientes para aplacar la sed que me consumía.

Los observé una vez más antes de darme la vuelta, a pesar de que sus gargantas estaban destrozadas fieramente pude divisar como, de los ojos de aquel hombre seguían brotando lágrimas de dolor; en ese instante lo envidié, podía dejar correr su profundo olor, físico o emocional, en forma de aquellas pequeñas gotas salubres. Me acuclillé junto a él y con un suave roce cerré sus ojos para siempre; en ese momento fui consciente del cuerpo de la chica que estaba tendido a escasos centímetros, sus ojos sin vida veían un vacío infinito. El dolor volvió, sentí de nuevo como el mismo vacío mortecino se abría paso en mi interior; emití un rugido casi animal y corrí en dirección contraria.

No fue sino hasta que pasaron varios minutos que me percate que Eleazar me pisaba los talones, me detuve en seco y el se situó varios pasos detrás de mí; apreté mis manos en puños y me concentré en lo que me rodeaba para aminorar la punzada de dolor que atacaba mi muerto corazón, no fui consciente cuando caminé dando grandes zancadas hacia un gran roble, y con un golpe seco de mi puño y un fuerte crujido se partió a la mitad. Nos quedamos allí, los dos en silencio; ninguno se atrevía a decir una palabra al otro. La lluvia comenzó a arreciar y las gotas de agua chocaban contra mi cuerpo, casi imperceptibles, una fina bruma cubrió rápidamente la zona boscosa donde nos encontrábamos; imaginé como estaría si aun fuese humano, de seguro tiritando de frío, helándome, sin embargo ahora mi propio cuerpo se había convertido en una coraza que, aunque me protegía, me aislaba junto a mi dolor.

No sé cuánto tiempo estuve ahí, pero cuando finalmente mis demonios se disiparon, el sol ya estaba en su punto más alto, Sentí como la mano de Eleazar se apoyaba en mi hombro, me viré para observar su joven rostro lleno de compasión.

-          Andrew, ¿Te encuentras mejor?- preguntó él.

Asentí firmemente tratando de poner en mi rostro una sonrisa creíble, él me correspondió con una propia y continuamos con las lecciones. Poco a poco Eleazar se fue convirtiendo en mi mejor amigo y confidente, nos hicimos compañeros estrechos al llegar a Volterra y unirme a la guardia; y es por eso que me sentí desolado cuando él desertó.

No fue muy difícil para Aro aceptar que me uniera a ellos, pero si lo fue, la primera vez que me tuve que enfrentar a su cuidadoso examen, podía sentir como examinaba cada rincón de mi mente, mientras me sentía excesivamente expuesto, consciente por primera vez de esa clase de desnudes mental. Que él parecía disfrutar.

Convivir con el resto de la guardia, era un tema diferente, que Eleazar me ayudo a sobrellevar. Sabía mantenerme lo suficientemente lejos, para no meterme en problemas, pero tan cerca, que Aro no sospechase nada, sobre mi repulsión hacia ellos, de la que no se entero hasta que Eleazar decidió irse, afortunadamente lo que sabía sobre Carmen, la vampiresa con la que él escapo, era realmente escaza, y lo suficiente para mantenernos con vida a Sara y a mí. Pero también lo fue, para asegurarse de mantenernos aún más distanciados, sobre todo ahora que sabía de nuestras reuniones secretas gracias a la intervención de mi amigo. 

jueves, 24 de diciembre de 2009

Especial De Navidad. [Navidad al estilo Cullen]




Una noche antes de Navidad, cuando todo estaba listo en casa
Nada se movía, ni un ratón;
Con cuidado las medias fueron colgadas junto a la chimenea,
Con la esperanza de que San Nicolás llegaría pronto;
   
En orden de tamaño las medias estaban
La de Emmett, la mas grande, mejor no decir que esperaba.
Luego, en el lugar de Rosalie, Pantimedias de Mallas colgaban.
La media siguiente era la de Jazz,
Remendada varias veces, pues no tenía más.
La de Alice, un poco alejada,
Era rosada y muy elaborada.
La de Renesme a todos fascinaba
pues por ella misma fue diseñada.

Jacob Black, por su parte,
No tenía medias en ninguna parte
Y a pesar de las miradas de matones
En lugar de medias, colgó sus pantalones.

Finalmente la pequeña de Edward al extremo colgaba,
Pues solo esperaba el amor de su amada
Las de Esme y Carlisle, a ambos lados de la chimenea colgaban
Las dos cuidadosamente por ella bordadas.

En una un estetoscopio,
En la otra un corazón
Esto mostraba que encajaban a la perfección
Sin embargo una faltaba, la de Bella en especial
Pues dentro de la de Edward, era donde debía estar
  
Todos sentados en los muebles estaban,
A la espera de que Santa por la chimenea bajara,
Emmett concentrado la vista clavaba,
Esperando al hombre gordo que su bolsa cargaba

De un lado para otro, todos caminaban,
Desesperados por la llegada del viejo Santa.
En un extremo Bella su labio mordía,
Mientras Nessie en su regazo dormía.
  
A un lado del mueble Jacob roncaba,
Rosalie sonriendo despertarlo planeaba
Con nada menos que una dolorosa patada.

Edward observaba aquella esquina,
Donde se refugiaban Bella y su pequeña niña.

De la tía Alice, seguramente la escondía,
Que debía estar ansiosa por empezar su día,
Con alguna tortura, como la que siempre se le ocurría.

Jasper, en otra parte refunfuñaba,
Pues no le gustaba, mucho la ansiedad, que en el ambiente imperaba.

Busco con la mirada, a su ángel para encontrar consuelo,
 Y solo encontró a Emmett, que con un movimiento, lo tiro al suelo.

Mientras Emmett a Jasper torturaba
Edward a Bella, cursimente besaba.
Esme y Carlisle felices se abrazaban
Viendo a sus hijos que a santa esperaban.

Alice los observaba con cara desaprobatoria,
Un gesto de madurez un poco inusual de ella,
Sin embargo solo quería distraer a Bella

La nueva vampira rápido se percató
A la bebé que dormía, entre sus brazos más escondió
Edward, como siempre, se puso de mal humor
Y a su pequeña hermana con la mirada reprendió;
Ella desilusionada de que su intento fracasó,
A su hermano favorito la lengua le sacó.

Entre más avanzaban las horas del día,
Más ansiosa, la familia se ponía.
Esme miraba con los ojos bien abiertos,
Con suma ternura, posaba la vista en cada uno de ellos.

Carlisle, con su voz de padre reprendía.
A los dos vampiros, que sus rostros escondían.
Esme a sus hijos decía,
Que como vampiros que eran, no dormirían
Y eso solo significaría. Que tal vez santa no llegaría.

Emmett al escucharla se detuvo de insofacto
Al pensar que santa de presencia no haría acto.
Esperaron y esperaron,
Y una a tras otra, las horas se fueron prolongando.
Mientras Rosalie se miraba en el espejo,
Emmett, buscaba consuelo viendo su reflejo.

El reloj del salón sonó muy estruendoso
Mientras que vampiros en silencio miraban sus rostros
Doce campanadas fuertemente sonaron
Y los ojos de Emmett en la chimenea de nuevo se clavaron
Al cabo de unos segundos, el momento temido,
En el amplio techo se escucho un fuerte ruido

Alice de pronto da saltitos de emoción,
Mientras que sus hermanos la ven con frustración.
Edward  su lado sonreía, pues como su hermana, sabía lo que sucedería

Bella en un gruñido le dice en el oído
Santa no bajara si no estamos dormidos.
Suavemente todos en el lugar,
Imitan a un muy dormido Jacob Black
El salón se lleno de sonoros ronquidos,
La mayoría de ellos por Emmett emitidos..

En toda la estancia abundaban,
Los cullen que en el suelo dormitaban
Emmett, metiéndose en su papel
Comenzó a babear el mueble de piel,
A Esme su gesto no agrado.
Y con un suave empujón, del mueble lo tumbó.

Emmett en el piso se acurrucaba
Mientras que sus hermanos la risa aguantaba.
El ruido de pasos más y más se acercaba.
Y Edward escéptico a sus hermanos miraba

-Cuidado Edward, -Alice en un susurro le prevenía
Pero su hermano la miro con ironía.
Suavemente edward se levantó
Y a la chimenea con paso firme se acerco

Se adentro al sitio lleno de cenizas
Y dirigió su mirada hacia arriba sin prisa
Cuando de pronto bien enfocó
Cayó un hombre gordo que lo aplasto
 Edward de un salto de encima se lo quitó
Y muy sorprendido lo observó
 Noto que estaba cubierto de hollín
Y se acerco a su esposa haciendo un mohín.

Santa de una pieza se quedo,
Y tan sorprendido como los Cullen se vio.
Una enorme sonrisa les mostró, y con un abrazo
A cada uno saludo.

Emmett su alegría no ocultaba,
Mientras con gran entusiasmo a santa saludaba.
Alice con sus danzares de bailarina se acerco.
Y un cálido beso a Santa, en la frente dio.

Emmett sin embargo de un empujón la aparto
y con un fuerte abrazo a santa levanto
El hombre de la barba aterrado casi chilló
Mientras que Alice danzarina, al saco de cabeza entro.

Esme a sus hijos reprendía,
Pues con sus acciones, a Santa la sonrisa le borrarían.

Alice y Emmett, se alejaban.
De mala gana, eso se notaba.
Edward continuaba, imperturbable,
Como estatua seguía inquebrantable.

Rose a Santa saludo,
Y con una sonrisa le deslumbro.
Bella un poco a penada,
En el regazo de Santa se acomodaba.

Uno a uno Santa escucho,
Visiblemente complacido se le vio.

Al hombre de la barba blanca le sorprendía,
Cada vez que una trama de la historia Alice le decía.
Aunque santa el relato, de memoria se sabía.

Luego de esperar paciente y pausado
A Emmett le toco estar en el regazo de santa sentado
Se inclino a su oído con mucha emoción
El, muy atrevido le dijo a santa su petición

Al pobre hombre más rápidamente comenzó a latirle el corazón
Y su tez blanca, rápidamente de color carmesí se tiñó.
De pronto, los estómagos de seis vampiros hambrientos gruñeron
Igualando a sus gargantas que al mismo tiempo ardieron
Emmett se alejó rápidamente causando gran alharaca
Mientras que santa corría hacia el árbol colocando grandes cajas.

Santa de pronto alarmado los vio
Mientras que tembloroso, a los calcetines dulces lanzó

Aunque sabía que aquello no les interesaba
A la chimenea por poco se arrojaba

Ninguno de los Cullen vio como subió
Porque una nube de hollín se levantó.
Cuando por fin aquella densa ceniza se disipó
Cada uno a su regalo se abalanzó

Para Emmett, mejor no decir,
Aunque por su risa se podía predecir
Rosalie entre sus hermosas manos arrullaba
Un nuevo juego de destornilladores que Santa le regalaba

Para Carlisle un nuevo maletín
Y para Esme, de hermosos adornos un sinfín.

Para un Jacob muy adormilado
De chistes de rubias u n libro había dejado.

A la pequeña Renesme, que suavemente dormitaba
Un enorme lobo de peluche, bajo el árbol la esperaba

Alice cuya emoción apenas contenía,
Cientos de regalos recibían.
Entre zapatos, bolsas y vestidos se rodeaba.
Mientras miraba a Bella, que con ese gesto amenazaba.

Jasper no se perdió el festejo,
Que su regalo abría perplejo,
En su interior un juego de llaves se encontraba,
Ya que afuera de su casa, un auto nuevo le esperaba.

Edward parecía salir de su ensimismamiento,
Por fin recobraba, la lucidez, su pensamiento
Tan absorto como estaba,
Poco se había dado cuenta de lo que pasaba.

Con paso cauto bajo el árbol se asomaba,
Para ver si Santa un regalo le dejaba.
Para su sorpresa, un paquete destellaba,
Y bajo una fina caligrafía su nombre destacaba.

Edward un poco dudo,
Decidiendo si abría el empaque o no.
Alice que a todos molestaba, su juego dejo,
Y junto a su hermano favorito se situó.

Un sonrisa sus colmillos mostraban,
A un Edward que aun dudaba.
Ella la vista perdió,
y en sus ojos,Edward la respuesta encontró.

Con mayor entusiasmo cargaba
El empaque, que entre sus manos aún estaba
Lo abrió con sumo cuidado,
Como si un movimiento brusco pudiese quebrarlo.

Con una sonrisa mostró,
Lo que a su familia presento
Su mayor tesoro; decretó,
Mientras una enorme foto,
De la caja saco.

Todos enternecían,
Al reconocer sus rostros en la fotografía.

Alice el ceño frunció,
Pues sabía que no todo el regalo mostró.
Una sonrisa fugaz, su rostro ilumino,
Y en una rápida carrera, la caja, asu hermano arrebato.

Entre risas mostró
La pieza que Edward no enseño.
Las llaves de otro carro, el duende reveló

-Pequeño monstruo-Edward le gritó.
Pesé a que a la interpelada poco le importo.
Bella con gesto desaprobatorio a ambos observó.
Y con un bufido, su posición demostró,
  
Luego de que todos agradecidos su regalos abrieron
Unos a otros los rostros se vieron
En todas sus mentes un pensamiento aparecía
Ahora con Santa ¿qué pasaría?


Al pasar de los años, todos rieron
al recordar la noche en que casi a Santa se comieron…

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